miércoles, 15 de julio de 2015

El amor NO es ciego.

''El amor es ciego''.
Eso es lo que dicen todos.  Pues yo no lo creo así.
Estar con alguien que obviamente tiene defectos, ya que nadie es perfecto, no te hace ciego.
Te hace alguien capaz de amar lo real, lo imperfecto, lo cambiante.

¿Acaso creen que el amor es ciego? ¿Como va a serlo?
El amor es tener lo ojos bien abiertos ante el asombro y la aventura.
Cuando el amor se encamina en la historia, estamos conociendo a nuestra pareja.
Conocer, y amar lo que estamos conociendo, no nos hace ciegos.

El amor tiene tantas cosas bellas que ofrecer, que valen la pena percibir.
El cariño, las pequeñas maneras de decir un te quiero, las atenciones, 
las caricias, lo imperfecto hecho belleza al admirar las cualidades del otro... Eso es VER.

Obviamente no todo es color de rosas.
Pero aún cuando descubrimos los demonios de alguien,
el amor con su dulzura los entiende, no es que no los veamos.
Pero vemos más allá de ellos. Vemos sus orígenes, sus miedos.
La compenetración sentimental con otra persona te hace querer esos defectos, y no huir de ellos.
Ya que tú también tienes los tuyos.

El amor no es ciego, solo un poco irracional.
El amor es lo ilógico encarnado y eso lo hace tan interesante.
Por él es que nos abandonamos en el otro y somos capaces de perder el egoísmo que tanto nos persigue.
Aunque la gente diga que estas ciego, que no ves el daño, que conviertes lo imperfecto en perfecto, no lo es. 
El amor es eso, todo lo cree, todo lo soporta y cuando estás ahí, amando, es cuando sabes que cada minuto está valiendo la pena.

domingo, 5 de julio de 2015

Permanecer buenos, durante lo malo.

Siempre he creído firmemente que todo pasa por una razón.
Cada persona que pasa por nuestro camino deja algo, una huella... Una cicatriz.
Pero si de algo estoy segura es de que todo, pero TODO deja una enseñanza.

Hablando específicamente de las relaciones amorosas, cada una es diferente.
Y los sinsabores que da la vida al terminar con ellas también.
En definitiva las experiencias que cada una de ellas nos deja son únicas y esperamos que dichas experiencias valgan la pena.
Y generalmente si la valen. Valen la pena cuando definitivamente has amado, y te han amado. Cuando ha existido eso: sinceridad. ¿Qué importa cómo acabó? Hubo amor. Y al final de cuentas todos estamos en eso, aprendiendo a amar, porque nadie nació sabiendo cómo.

Y es cuando las heridas sanan que nos damos cuenta de que no borraríamos esa experiencia. Porque el dolor se fue, y el mal recuerdo con él. Y queda lo bonito del pasado acompañado de muchas cosas nuevas que poner en práctica la próxima vez que decidamos enamorarnos.

Pero, ¿Qué pasa con las relaciones donde no ha habido amor? Relaciones tan sucias, tan llenas de interés, egoísmo, deseo. Donde no ha habido lo esencial: amor (Al menos no por parte de los dos). Ese dolor es sustancialmente diferente. El sabor de la indiferencia es tan agrio... Sentimos que nada valió la pena. Pero cuando el dolor pasa sabremos que si. Ahora sabremos elegir mejor y aprender que amar no es para cualquiera, y que si existen las malas personas.

Dicen que cosas buenas pasan para las personas buenas. Aún cuando alguien mal intencionado haya dañado nuestro corazón podemos ahí re-valorarnos, darnos cuenta que merecemos mucho más, que merecemos lo mejor. No podemos permitirnos que el daño en nuestro ser nos empeore como personas... Cada cabeza es un mundo y lejos de juzgar el actuar de los demás podemos tratar de ser empáticos. Pero ojo: ser empático no es ser tonto, ni dejado, ni continuar en sufrimiento. Aprender que en la vida hay de todo tipo de personas es vital. Y aún cuando éstas relaciones efímeras dejen más dolor que en las que si hubo amor, habrán valido la pena.. Para no volver nunca a nada que se le parezca.

No podemos dejar que nuestras buenas intenciones desaparezcan por el dolor que nos han causado. Llegará en su momento la persona que de verdad nos merezca llegue, que merezca a la BUENA persona que seguimos siendo.