Definitivamente, todo lo que tenemos es el ahora.
Puede sonar lo más cliché del mundo decir la frase anterior, pero es que es tan cierto.
¿Qué tenemos en nuestras manos si no estos momentos?
El ayer es tan intocable, el mañana tan impredecible.
Todos, me incluyo, todos hemos tenido esa sensación de añoranza por lo que fue y ya no está.
Por lo que tuvimos y ya no tenemos.
Puede ser desde una persona, un familiar fallecido, un hogar.
¿No es increíble como podemos pasar horas llorando lo que perdimos?
¿Cuánta energía somos capaces de desperdiciar tratando de regresar lo que no es más que pasado?
Ojo, desperdiciar; Porque sin duda se vuelve todo lo contrario a una inversión.
Existe un delgado margen entre soltar el pasado y olvidarnos de él.
La diferencia es muy grande e importante.
Todo lo que tuvimos y vivimos vale oro, valen experiencias, valen vida que depositamos
en recuerdos que deben de generar la satisfacción de haber aprendido lo suficiente, como para
hacerlo mejor el día de mañana.
Pero todo se inicia en el hoy.
¿Cómo ser felices si solo estamos pendientes en construir un futuro?
Ese momento, cuando vivimos tan a prisa, que la lluvia ya no se disfruta, sino que nos hace correr más.
Cuando dejamos pasar cada atardecer, ese regalo diario, y de repente ya es de noche.
Cuando el estudio, el trabajo, la oficina, tantos ''papeles importantes'' nos hacen olvidar los pequeños detalles.
El presente está aquí, justo ahora, tanto como para trabajarlo como para disfrutarlo.
Para forjar nuestros sueños, mientras disfrutamos del espeso café junto al frío.
De una mañana soleada, de una tarde fresca, de una noche cálida.
De la compañía de la familia y ¿Por qué no? Hasta a la mascota se disfruta.
Recuerda que no existen ''los mejores años de nuestra vida''; Eso haría automáticamente peores a los otros, cada día puede ser el mejor, es cuestión de actitud.